El día que mi padre murió esperando un trasplante, mi marido estaba consolando a su amante. Un mes después, cuando quiso buscarme, yo ya había desaparecido de su vida

—No mientras yo llamaba desesperada.

Celeste cerró los ojos.

—Lo siento.

No respondí.

—Lo siento de verdad.

—Bien.

—¿Eso es todo?

—Sí.

—¿No me perdonas?

La miré.

—No necesitas mi perdón para seguir viviendo.

Aquello la desconcertó.

Yo también habría estado desconcertada años atrás.

Siempre creí que pedir perdón implicaba recibir una respuesta.

Aceptar.

Rechazar.

Cerrar.

Pero no.

A veces una disculpa solo puede ser dejada sobre la mesa.

La otra persona no tiene obligación de cargarla.

El ascensor volvió a moverse veinte minutos después.

Cuando las puertas se abrieron, Adrián estaba afuera.

Pálido.

—¡Celeste!

Corrió hacia ella.

Ni siquiera me miró al principio.

Le agarró los hombros.

—¿Estás bien?

—Sí.

—¿Te mareaste?

—No.

—¿Te duele algo?

—Adrián…

Ella miró hacia mí.

Entonces él pareció recordar que yo estaba allí.

—Valeria.

—Estoy bien.

—¿Qué pasó?

—El ascensor se detuvo.

—Ya sé.

Se volvió otra vez hacia Celeste.

—Vamos al hospital.

—No hace falta.

—No voy a arriesgarme.

Yo pasé junto a ellos.

Adrián me agarró del brazo.

—¿A dónde vas?

Miré su mano.

La soltó.

—A casa.

—Te llevo.

—No.

—Valeria.

—Quiero estar sola.

Frunció el ceño.

—Últimamente estás extraña.

Casi sonreí.

—Sí.

—¿Es por tu padre?

Mi pecho se tensó.

—¿Qué pasa con él?

—Sé que la operación se retrasó.

—Debe estar siendo difícil.

Lo miré durante varios segundos.

Podía decirlo.

Murió.

Solo dos sílabas.

Podía ver qué hacía.

Qué cara.

Qué culpa.

Qué excusa.

Pero entonces comprendí que no quería compartir ese momento con Celeste a su lado.

Mi padre merecía algo mejor que convertirse en la escena de arrepentimiento de Adrián.

—Estoy cansada.

Me fui.

Aquella noche dormí en casa de una amiga.

No quería volver a la villa.

Demasiados recuerdos.

Mi padre se había quedado allí durante algunas semanas entre tratamientos.

Su taza.

Su manta.

 

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