“Solo me queda un año de vida. Cásate conmigo, dame un hijo y tu familia nunca más tendrá problemas económicos”,

Los especialistas no podían explicarlo.

El terrateniente sobrevivió.

Por primera vez en décadas sonrió como un hombre libre. Ya no vivía contando los días que le quedaban.

Años después, la muchacha y él caminaban juntos por los campos con su pequeño hijo. La pobreza había quedado atrás. La madre estaba sana y el padre trabajaba honradamente.

Entonces ella recordó la propuesta que había cambiado su vida:

“Solo me queda un año de vida. Cásate conmigo y dame un hijo”.

Aquella frase había comenzado como un trato frío y desesperado.

Terminó convirtiéndose en una familia.

Si prefieres un final más oscuro, de misterio o con un giro sobrenatural, también puedo escribir otra versión.

La pobre muchacha tenía apenas veinte años. Sus manos olían a leche y heno, y sus botas aún estaban cubiertas de barro. Vivía en una vieja casa de madera con su madre enferma. Su padre estaba en prisión por deudas que no podía pagar.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *