“Solo me queda un año de vida. Cásate conmigo, dame un hijo y tu familia nunca más tendrá problemas económicos”,

PARTE 3 (FINAL)

Días después decidió regresar a la mansión para exigir respuestas.

—¿Quiénes eran esas mujeres? —preguntó.

El terrateniente guardó silencio durante unos segundos.

—Mujeres a las que amé —respondió—. Ninguna murió por mi culpa.

Le explicó que la gente del pueblo había transformado la tragedia en leyenda. Una había fallecido por una enfermedad, otra en un accidente y otra durante una epidemia. Los rumores habían hecho el resto.

La joven quiso marcharse, pero entonces observó algo que nunca había visto en él: miedo.

No miedo a la muerte, sino a morir solo.

Con el paso de los meses comenzó a conocer al hombre detrás de la fortuna. Descubrió que ayudaba en secreto a familias pobres, financiaba tratamientos médicos y mantenía escuelas rurales sin pedir reconocimiento.

Poco a poco nació entre ellos un afecto sincero.

Pero cuando se cumplió el año anunciado por los médicos, ocurrió algo inesperado. Los nuevos exámenes mostraron que la enfermedad se había detenido. No había desaparecido, pero tampoco avanzaba.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *