Cascaritas de naranja confitadas

Las cascaritas de naranja confitadas son un clásico dulce ideal para aprovechar la cáscara y transformarla en algo rico para servir solo, usar en postres o acompañar con chocolate.

Quedan tiernas, brillantes y con ese sabor cítrico que combina muy bien con preparaciones caseras.

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Ingredientes

  • Cáscaras de 4 naranjas
  • 300 gr de azúcar
  • 300 ml de agua
  • 1 cda de jugo de limón
  • Agua extra, cantidad necesaria para hervir las cáscaras
  • Azúcar extra para rebozar, opcional

Preparación

  1. Lavá bien las naranjas antes de pelarlas. Retirá la cáscara en tiras, tratando de que no queden demasiado finas.
  2. Cortá las cáscaras en tiritas parejas. Si tienen demasiada parte blanca, podés retirar un poco con un cuchillo, pero no hace falta sacarla toda porque también ayuda a dar textura.
  3. Colocá las tiras en una olla, cubrilas con agua fría y llevá a hervor durante 5 minutos.
  4. Colá las cáscaras y repetí el hervor 2 veces más con agua limpia. Este paso ayuda a suavizar el amargor.
  5. En una olla colocá los 300 ml de agua, el azúcar y el jugo de limón. Llevá a fuego medio hasta que el azúcar se disuelva.
  6. Agregá las cascaritas escurridas al almíbar y bajá el fuego.
  7. Cociná a fuego bajo durante 45 minutos a 1 hora, revolviendo cada tanto con cuidado. Las tiras deben volverse más tiernas, brillantes y algo transparentes.
  8. Cuando el almíbar esté más espeso y las cáscaras se vean confitadas, apagá el fuego y dejalas reposar unos minutos dentro de la olla.
  9. Retirá las cascaritas con una pinza o tenedor y apoyalas sobre una rejilla o papel manteca, separadas entre sí.
  10. Dejalas secar varias horas, hasta que pierdan el exceso de humedad superficial. Si querés, pasalas por azúcar cuando todavía estén apenas pegajosas.
  11. Guardalas en un frasco limpio o en un recipiente bien cerrado.

Tips y consejos

  • Elegí naranjas de cáscara firme y buen aroma. Las de piel muy fina pueden romperse más fácil durante la cocción, mientras que las de cáscara gruesa suelen quedar más tiernas y con mejor textura.
  • Los hervores previos son importantes para bajar el amargor. Si preferís un sabor más suave, podés repetir ese paso una vez más. Si te gusta que conserven un toque amargo, con dos hervores puede alcanzar.
  • No cocines el almíbar a fuego fuerte. Si hierve demasiado, las tiras pueden endurecerse o quedar cristalizadas antes de tiempo. Lo mejor es una cocción lenta y pareja.
  • Las cascaritas están listas cuando se ven brillantes, flexibles y algo translúcidas. No tienen que quedar secas dentro de la olla, porque al enfriarse se afirman un poco más.
  • Si las vas a rebozar en azúcar, hacelo cuando todavía estén levemente húmedas. Si se secan por completo, el azúcar no se adhiere bien.
  • Para una versión más golosa, podés bañar una parte en chocolate semiamargo derretido. Dejalas secar sobre papel manteca hasta que el chocolate quede firme.
  • El almíbar que queda en la olla se puede guardar y usar para humedecer budines, bizcochuelos o masas dulces. También queda muy bien para endulzar infusiones o yogur.
  • Se conservan varios días en un frasco limpio, bien cerrado y en un lugar fresco. Si están muy húmedas, conviene guardarlas en la heladera para que duren mejor.
  • Evitá apilarlas mientras se secan. Si quedan pegadas entre sí, después cuesta separarlas y pueden perder la forma.

Estas cascaritas son simples, rendidoras y tienen mucho sabor.

Sirven para comer solas, decorar postres o darle un toque cítrico a preparaciones dulces.

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