Mi esposo vació nuestro refrigerador para llevarle toda la comida a su madre y-aurelle

que los demás callaban.

La mesa estaba llena.

Mariana reconoció de inmediato el salmón, el queso importado y el pastel que aparecían en el ticket. También estaban el jamón y una botella de aceite de oliva que Mariana había comprado.

Teresa sirvió a Jorge como si regresara de una guerra.

—Come, mi niño. Con todo lo que trabajas, te vas a enfermar.

Mariana levantó la vista.

—¿Con todo lo que trabaja?

—Jorge me contó del proyecto con inversionistas —respondió Teresa—. La semana pasada me dijo: “Mamá, este bono es para ti”.

Jorge dejó de masticar.

—Mamá, no tienes que contar todo.

La tía Lupita sonrió.

—¿Por qué no? Si hasta presumiste que ya estabas pagando casi todos los gastos de tu casa.

Mariana sintió un golpe de calor en el pecho.

—¿Eso dijo?

Jorge le dio una patada por debajo de la mesa.

—Luego hablamos.

Mariana retiró la pierna.

—No.

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