Mi esposo vació nuestro refrigerador para llevarle toda la comida a su madre y-aurelle

“Te regreso lo de la compra para que no digas que yo me aproveché. Pero con mi hijo arréglate tú”.

Mariana respondió una sola frase:

“Precisamente me estoy arreglando con él: ya no vive aquí”.

Aquella noche pensó que el asunto había terminado. Se equivocaba.

El domingo por la mañana, Teresa apareció en el edificio acompañada de Jorge. Mariana los recibió abajo, junto a la puerta de cristal de la entrada. No quería que ninguno subiera al departamento.

Teresa llevaba una bolsa con papeles y una expresión furiosa.

—Necesitamos hablar como adultos.

—Adelante.

—Tu esposo no puede quedarse conmigo indefinidamente.

—En eso estamos de acuerdo.

Teresa frunció el ceño.

—Entonces que vuelva contigo.

—Eso no se desprende de lo anterior.

Jorge resopló.

—¿Ves? Te dije que está disfrutando humillarme.

Mariana lo ignoró.

—Teresa, su hijo tiene treinta y cuatro años. Puede conseguir trabajo y rentar un cuarto como cualquier adulto.

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