Mi esposo vació nuestro refrigerador para llevarle toda la comida a su madre y-aurelle

—No es tan fácil.

—Para mí tampoco fue fácil pagar todo durante seis meses.

—Pero tú ganas bien.

Mariana la miró fijamente.

—Ese argumento es exactamente el problema. Que yo gane bien no convierte mi sueldo en obligación de mantener a un hombre sano que rechaza trabajos porque “no están a su nivel”.

Jorge levantó las manos.

—¡Otra vez con eso! No estudié administración para meterme de auxiliar en una bodega.

—La semana pasada dijiste que el sueldo de esa empresa de logística era bajo. Eran veintidós mil pesos mensuales más prestaciones.

Teresa giró hacia él.

—¿Te ofrecieron trabajo y dijiste que no?

Jorge apretó los labios.

—No era lo mío.

—Me dijiste que nadie te llamaba —susurró Teresa.

La expresión de la mujer cambió. No fue un cambio espectacular, sino algo pequeño y definitivo: la misma persona que llevaba meses justificando a su hijo empezó a revisar mentalmente cada

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