Mi esposo vació nuestro refrigerador para llevarle toda la comida a su madre y-aurelle

historia que él le había contado.

—¿Y los ocho mil pesos? —preguntó ella.

—Ya te expliqué.

—No. Me dijiste que eran para registrar una marca.

—Sí.

Teresa abrió la bolsa y sacó unas hojas impresas.

—Ayer le pedí a Lupita que buscara el nombre del negocio. No hay registro. No hay página. No hay nada. También llamé a tu primo Raúl porque dijiste que él iba a invertir contigo. Raúl no sabe de qué proyecto hablas.

Jorge palideció.

Mariana no dijo nada.

Teresa continuó:

—Y encontré en mi estado de cuenta otros tres mil quinientos pesos que te transferí para una supuesta reunión con un proveedor en Querétaro. Ese mismo día subiste fotos jugando videojuegos en tu casa.

—Mamá, estás mezclando cosas.

—Estoy sumando cosas —corrigió ella.

La frase cayó con tanta precisión que Mariana casi sonrió.

Por primera vez, Teresa no estaba defendiendo a su hijo. Estaba haciendo cuentas.

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