El día que mi padre murió esperando un trasplante, mi marido estaba consolando a su amante. Un mes después, cuando quiso buscarme, yo ya había desaparecido de su vida

Por primera vez casi reímos.

Adrián respiró.

—Quiero decirte algo sobre tu padre.

Mi cuerpo se tensó.

—¿Qué?

—Durante mucho tiempo me dije que yo no sabía que podía morir ese día.

—Es verdad.

—Sí.

—Pero lo usé para no mirar lo demás.

Lo observé.

—¿Qué demás?

—Que tú necesitabas que estuviera.

Silencio.

—Aunque hubiera sido imposible cambiar el resultado.

—Aunque tu padre hubiera muerto igualmente.

—Yo debería haber estado contigo.

Sus ojos se humedecieron.

—Y no estuve.

No respondí.

—Eso es lo que hice.

No “lo que pasó”.

Lo que hice.

La diferencia importaba.

—Gracias por decirlo.

—No tienes que perdonarme.

—Lo sé.

—Y tampoco necesito que lo hagas.

Asentí.

—Bien.

—Celeste y yo nunca estuvimos juntos después.

No pregunté.

—No te lo digo para limpiar nada.

—Entonces ¿por qué?

Pensó.

—Porque durante mucho tiempo creí que si te demostraba que no había sido “una relación real”, entonces lo que hice sería menos grave.

Sonrió amargamente.

—No lo era.

—No.

—Lo sé.

Silencio.

—¿La amabas?

Pregunté finalmente.

Adrián tardó.

—Creo que amaba cómo me hacía sentir.

—¿Cómo?

—Necesario.

Aquello tenía sentido.

Celeste era joven.

Dependiente.

Agradecida.

Yo era su esposa.

Su igual.

Con historia.

Expectativas.

Preguntas.

Responsabilidades.

—Con ella podía ser salvador —dijo.

—Contigo tenía que ser marido.

Lo miré.

—Eso es bastante honesto.

—Tardé.

—Sí.

—Demasiado.

—Sí.

—Lo siento.

—Lo sé.

Miré el reloj.

—Tengo que irme.

Adrián asintió.

Se puso de pie.

—Valeria.

—¿Sí?

—¿Eres feliz?

Pensé en Londres.

Mi trabajo.

El pequeño apartamento que ya no estaba vacío.

Amigos nuevos.

Días malos.

Terapia.

Mi padre.

La lluvia.

Yo misma.

—A veces.

Sonreí.

—Y eso ya me parece bastante.

Él asintió.

—Me alegro.

Nos despedimos.

No miré atrás.

Dos años después publiqué mi primer libro como editora principal.

No lo escribí.

Pero era mío en el sentido profesional.

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