El día que mi padre murió esperando un trasplante, mi marido estaba consolando a su amante. Un mes después, cuando quiso buscarme, yo ya había desaparecido de su vida

Mi proyecto.

Mi equipo.

Mi decisión.

El día del lanzamiento recibí flores.

De Marta.

De mi exjefe.

De colegas.

Y una caja pequeña sin remitente.

Dentro había una primera edición de un libro que mi padre me leía de niña.

Una nota:

«Él estaría orgulloso.»

Adrián.

Lloré.

No respondí.

Pero tampoco me enfadé.

Eso fue otra señal.

Había dejado de sentir que cualquier gesto suyo era una invasión.

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