Mi proyecto.
Mi equipo.
Mi decisión.
El día del lanzamiento recibí flores.
De Marta.
De mi exjefe.
De colegas.
Y una caja pequeña sin remitente.
Dentro había una primera edición de un libro que mi padre me leía de niña.
Una nota:
«Él estaría orgulloso.»
Adrián.
Lloré.
No respondí.
Pero tampoco me enfadé.
Eso fue otra señal.
Había dejado de sentir que cualquier gesto suyo era una invasión.
