La amenaza llegó 3 días después.
Al amanecer, Marina fue al establo para alimentar a Milagros. La vaca no estaba. La puerta lateral estaba abierta y había huellas recientes en el barro. Junto al poste encontraron un papel doblado.
Marina lo leyó con las manos heladas.
“Acepta la oferta o lo próximo que pierdas no va a volver.”
Remedios se cubrió la boca.
Jacinto miró hacia los campos.
—Esto ya no es una deuda. Es guerra.
Buscaron durante 2 días. Preguntaron a vecinos, revisaron caminos y ofrecieron recompensa. Milagros no era solo una vaca. Había pertenecido a los padres de Marina y su leche sostenía parte del rancho.
La segunda tarde, un pastor dijo haber visto un animal parecido cerca de unos corrales abandonados junto al viejo camino a Tzintzuntzan. Marina salió de inmediato con Jacinto y Remedios.
Encontraron los corrales al caer la tarde. El lugar estaba solo, rodeado de maleza. Entonces escucharon un mugido.
—¡Milagros!
Marina corrió hacia un corral de madera. La vaca estaba allí, asustada pero viva.
Antes de que pudiera abrir la puerta, 3 hombres aparecieron detrás de una barda.