PARTE 2 / Después de cinco años de matrimonio, mi hija de cuatro años me susurró: “

llamas “un muslo de pollo”.

Preparé a Sofía y salí.

Mi amiga revisó nuestra situación, me explicó los pasos legales y comenzó a preparar un convenio para iniciar el divorcio y regular custodia, pensión y bienes.

 

Horas después, mientras caminaba con Sofía, Eduardo me llamó desde otro número.

—Diego tuvo un accidente. Laura dice que se lastimó la pierna y está en una clínica.

—Entonces que Laura lo cuide.

—Mariana, eres su madrastra.

—Precisamente ayer me recordaste que no es mi hijo.

Colgué.

Ese día llevé a Sofía a la feria de Chapultepec que tantas veces le habían prometido y cancelado.

Subió al carrusel, comió algodón de azúcar y se rió hasta quedar agotada.

 

Regresamos al anochecer.

Laura estaba instalada en mi sala.

Diego permanecía recostado en el sofá con una férula en la pierna.

Eduardo y Laura estaban sentados a ambos lados de él.

Parecían una familia.

Nosotras, dos

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