PARTE 2 / Después de cinco años de matrimonio, mi hija de cuatro años me susurró: “

intrusas.

Diego vio el globo de Sofía.

—¡¿Se fueron a divertir mientras yo estaba lastimado?!

 

Laura se secó los ojos.

—Mariana, sé que no soy quién para decirte nada, pero si hubieras estado pendiente de Diego quizá esto no habría ocurrido.

Eduardo añadió:

—Reconoce que tienes responsabilidad.

Solté la bolsa que llevaba.

—No.

Se hizo silencio.

Eduardo respiró hondo.

—Laura se quedará aquí unos días para cuidar a Diego.

—¿Aquí?

—Sí. Tú dices que no quieres hacerlo.

Laura intervino con voz dulce:

—No te preocupes, Mariana. Solo será hasta que Diego mejore.

Diego sonrió.

—Mamá debería quedarse para siempre.

Eduardo no dijo nada.

 

Después me miró.

—Prepara el cuarto de visitas para Laura. Y haz caldo de res para Diego. Sin cebolla, porque a Laura no le gusta.

Sentí algo casi cómico.

Cinco años juntos y Eduardo todavía olvidaba que ciertos mariscos me provocaban alergia.

Pero recordaba perfectamente que su

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