La prohibición del cerdo en la Biblia y el Corán: por qué judíos, musulmanes y cristianos responden distinto

Mismo Dios, mismo libro, mismo mandamiento y, sin embargo, tres respuestas completamente distintas. En un texto que judíos, cristianos y musulmanes consideran sagrado, hay una línea que declara a cierto animal impuro: no debe comerse su carne y ni siquiera debe tocarse su cuerpo muerto. Esa línea no está escondida en una nota al pie: forma parte de la ley que Dios entregó en el Sinaí, se repite palabra por palabra en un segundo libro de esa misma ley, y siglos después un profeta de Arabia la recoge citando casi exactamente la misma lista.

Tres religiones, tres actitudes ante un mismo animal
En torno a ese único animal, tres de las religiones más grandes de la Tierra han trazado tres líneas distintas. El judío no lo toca: prefiere morir de hambre. Sus antepasados eligieron la tortura y la muerte antes que dejar que un trozo pasara por sus labios, y él todavía recuerda sus nombres. El musulmán tampoco lo toca. Su escritura lo prohíbe cuatro veces distintas, con casi las mismas palabras que usa la escritura judía. Lo llama haram, y la prohibición no se discute.

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