Le expliqué la estructura histórica, el modelo de custodia, la documentación, las auditorías y el protocolo de transferencia.
Daniel hizo preguntas extremadamente precisas.
A diferencia de Ethan, escuchaba las respuestas.
—¿La baja de sus credenciales provocó el estado actual?
—Fue uno de los eventos que lo activaron.
—¿Podría usted haberlo impedido después de ser despedida?
—Después de que me retiraran el acceso, no.
—¿Podría haberlo impedido antes?
—Sí. Con una transferencia de custodia.
—¿Se ofreció esa transferencia?
Abrí el correo corporativo que todavía conservaba descargado en mi archivo personal de documentación laboral.
Encontré el mensaje.
—El jueves a las 4:18 de la tarde envié al equipo de transición una solicitud para revisar conmigo los sistemas críticos antes del cambio de dirección.
—¿Respuesta?
—Cancelaron la reunión.
—¿Quién?
Miré el nombre.
Sonreí sin humor.
—Ethan Blake.
Daniel permaneció callado.
—¿Motivo?
Leí literalmente la línea que Ethan había escrito:
—“No veo valor en dedicar tiempo ejecutivo a procesos técnicos rutinarios. El equipo de IT puede hacerse cargo.”
Del otro lado de la línea escuché algo parecido a un suspiro.
—¿Podría reenviarme ese correo?
—A través de mi abogado, sí.
Eso cambió ligeramente la conversación.
—¿Tiene abogado?
—Lo tengo desde que fui despedida públicamente ayer.
No era del todo cierto.
Había llamado a uno aquella mañana.
Pero Daniel no necesitaba conocer los detalles.
—Entendido.
