El tono cambió.
Ahí estaba la acusación que esperaba.
—No.
Mi voz se endureció.
—Y te recomiendo que tengas cuidado con la forma en que planteas esa pregunta.
Ethan respiró con fuerza.
—Todo funcionaba ayer. Te despedí. Hoy no funciona.
—Correcto.
—Eso parece bastante claro.
—También lo es que despediste sin consultar al departamento técnico a la persona que figuraba como responsable de continuidad de plataformas críticas.
Calló.
—El modo seguro no destruye datos —continué—. No roba información. No altera registros. Impide que determinados servicios operen sin una cadena válida de custodia. Está documentado, auditado y fue aprobado años antes de que tú llegaras.
—¿Y puedes quitarlo?
—Puedo participar en el procedimiento de recuperación.
—Entonces ven.
—No.
La palabra pareció desconcertarlo.
—¿Cómo que no?
—Estoy desayunando.
—¡Tenemos millones de dólares en operaciones detenidas!
—Entonces probablemente no debiste despedir en quince minutos a alguien cuyo trabajo no entendías.
Colgué.
Mis manos temblaban.
No de miedo.
De adrenalina.
Me senté en el sofá y miré el teléfono.
Treinta segundos después volvió a sonar.
No respondí.
Después llegó un correo.
Luego otro.
Después un mensaje de Mia.
Esto se está poniendo horrible.
Le pregunté qué ocurría.
La respuesta llegó enseguida.
Ethan acaba de convocar a Legal.
Eso sí me interesó.
A las nueve y cuarto recibí una llamada de un número de Nueva York.
—¿Claire Morgan?
—Sí.
—Soy Daniel Rosen, asesor jurídico adjunto de NorthBridge Distribution.
NorthBridge era nuestra matriz.
Ethan había tardado poco más de una hora en escalar el problema.
—Buenos días, Daniel.
—Antes de continuar, quiero aclarar que esta conversación no pretende atribuir responsabilidades. Estamos intentando entender una situación operacional.
Una forma muy jurídica de decir: Todavía no sabemos a quién culpar.
—Entiendo.
—¿Podría explicarme qué está ocurriendo?
Lo hice.
Sin dramatismo.
Sin amenazas.
