PARTE 2
Durante unos segundos no dije nada.
Ethan tampoco.
Era curioso.
Veinticuatro horas antes había pronunciado mi nombre frente a toda la oficina como si estuviera leyendo una sentencia.
Ahora parecía incapaz de encontrar las palabras adecuadas.
—¿Claire? —repitió.
—Aquí estoy.
—Tenemos… una incidencia.
Casi me reí.
—Eso me dijo Mia.
—Necesitamos que vengas.
—Ayer me despediste.
Silencio.
—Lo sé.
—Delante de toda la empresa.
Otro silencio.
—Lo sé.
—Me llamaste peso muerto.
Esta vez tardó todavía más en responder.
—Claire, ahora mismo no tenemos tiempo para discutir eso.
Ahí estaba.
Ni disculpas.
Ni responsabilidad.
Solo urgencia.
Para Ethan, incluso después de haber provocado el desastre, mi función seguía siendo acudir corriendo a salvarlo.
—Entonces llama a tu director de tecnología —dije.
—Está aquí.
—Perfecto.
—No puede resolverlo.
—Entonces llama a la oficina central.
—También lo hicimos.
Tomé otro sorbo de café.
—¿Y?
Escuché movimiento al otro lado.
Una voz masculina gritó algo sobre órdenes pendientes.
Otra persona mencionó una conferencia con Dallas.
Ethan se alejó unos pasos antes de volver a hablar.
—Dicen que tu nombre aparece como custodio técnico principal de varios sistemas heredados.
—Correcto.
—¿Por qué nadie me informó?
—Te informaron.
—No.
—En el paquete de transición que te entregaron el viernes hay un documento llamado “Mapa de dependencias críticas”. Cuarenta y siete páginas. Mi nombre aparece once veces.
No respondió.
Así que pregunté:
—¿Lo leíste?
—Recibí cientos de páginas.
—Eso no responde a mi pregunta.
Silencio.
No lo había leído.
Por supuesto que no.
Ethan había llegado convencido de que todo lo importante podía entenderse mirando un organigrama durante quince minutos.
La realidad acababa de darle su primera lección.
—Claire —dijo finalmente—, necesito que vengas ahora.
—Ya no trabajo para ustedes.
—Podemos resolver el tema de Recursos Humanos después.
—No es un tema de Recursos Humanos. Es un tema contractual.
