entregó un sobre.
—Quiero que leas esto cuando estés a solas.
Su voz era tan baja que tuve que inclinarme hacia él.
—¿Qué es?
Lanzó una mirada a mamá.
Luego volvió a mirarme a mí.
—Algo que debería haberte contado hace mucho tiempo.
Y, dicho esto, fue tras ellos.
Ahora, de pie en mi habitación, comprendí el significado de aquella mirada. Mi padre había decidido dejar de guardar silencio.
Pero aún no sabía si tendría el valor de mantener su decisión cuando llegara el momento.
Miré el reloj.
Las once y treinta y seis.
Llamé a Derek.
No respondió.
Lo intenté de nuevo.
Esta vez, contestó tras unos cuantos tonos.
—Sarah, ¿estás bien?
—Necesito hablar contigo.
Se hizo el silencio.
—¿Ahora?
—Ahora.
—Mamá está con nosotros.
—No quiero hablar con mamá.
Escuché el sonido de una puerta al cerrarse.
—¿Qué ha pasado?
Miré la carta.
—Papá me ha hablado de
