absolutamente nada.
PARTE 3
Mariana extendió el brazo y bloqueó la entrada.
—No vas a pasar.
La sonrisa de Jorge se quedó congelada.
—¿Cómo que no voy a pasar? Esta también es mi casa.
—No. Vivías aquí conmigo. Es distinto.
Él soltó una risa incrédula y trató de avanzar otra vez.
—Ya, Mariana. No hagas una escena en el pasillo. Mi mamá me tiene harto. Se la pasa diciéndome que busque trabajo, que apague la televisión, que no deje platos sucios. Parece que regresé a la secundaria.
—Qué tragedia.
—Además, casi no hay comida. Tiene frijoles, sopa y tortillas. Yo no puedo vivir así.
Mariana miró la mochila, luego su cara.
—Entonces no viniste porque entendiste lo que hiciste. Viniste porque allá ya no te atienden.
—Vine porque eres mi esposa.
—Y yo trabajé seis meses para mantener a un esposo que se presentaba ante su mamá como empresario usando
