Mi esposo vació nuestro refrigerador para llevarle toda la comida a su madre y-aurelle

que atravesaba una mala racha. Pero aquella mala racha ya incluía consola nueva, suscripciones y siestas hasta el mediodía.

Al día siguiente, una clienta de la clínica, la señora Beatriz, la vio pálida. Mariana terminó contándole una versión resumida.

Beatriz soltó una risa seca.

—Eso no es ayudar a su mamá. Es quedar como buen hijo con la cartera de otra persona.

Esa tarde, Mariana canceló la tarjeta adicional, cambió la contraseña del Wi-Fi y compró comida solo para ella.

Cuando Jorge vio los cortes de carne, el pan y la fruta, sonrió.

—Qué bueno que ya se te pasó el drama. ¿Qué vas a hacer de cenar?

Mariana mordió una manzana.

—Tú vas a cenar con tu mamá. Seguro todavía le queda algo de lo que le llevaste.

Dos días después, la suegra llamó.

—Marianita, vengan mañana. Está aquí mi hermana Lupita. Jorge me contó que le está yendo

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