órdenes y obediencia, los pequeños detalles podían significar mucho.
Lily también tenía otra costumbre.
Observaba.
Mientras los adultos hablaban, ella permanecía aparentemente concentrada en sus crayones.
Reconocía las voces de los empleados y sabía distinguir los pasos de quienes entraban con frecuencia en la cocina.
No entendía los asuntos de los que se ocupaba Vincent.
Tampoco sabía por qué tantos hombres armados se movían por aquella mansión.
Para ella, el señor Moretti era simplemente un hombre serio que casi nunca sonreía y que siempre aceptaba sus saludos.
Aquella mañana, después de la escena del despacho, Lily siguió usando su traje negro.
Rosa intentó convencerla de que se pusiera su ropa habitual.
—Te vas a manchar esa chaqueta mientras comes.
—Los guardaespaldas usan traje —respondió Lily.
—Los guardaespaldas también tienen que escuchar a sus madres.
La niña consideró aquella observación.
Finalmente aceptó quedarse en la cocina, aunque insistió en conservar su
