En nuestra noche de bodas mi esposo me rechazó porque estaba cansado, pero en la madrugada oí gemidos que venían de la habitación de mi suegra, y lo que vi cuando abrí la puerta me heló la sangre…

a ellos. Se dio la vuelta, regresó a la suite nupcial, tomó una pequeña maleta, se quitó los restos de su vestido de novia y se cambió a ropa cómoda. Bajó las escaleras de la hacienda, ignorando las súplicas de Sebastián, quien la seguía como un perro asustado. Valeria caminó sola por la calle empedrada durante dos kilómetros hasta que detuvo un taxi que la llevó a un hotel en el centro de San Miguel. Contrata a un organizador de bodas.

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Pero a las 9 de la mañana, Valeria regresó

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