—Busquen la carpeta.
Otra respondió:
—Tiene que estar aquí.
La reconocí.
Mi exsuegro.
El hombre que había amenazado a mi padre.
Estaba allí.
Después escuché otra voz.
—¿Y si Valeria ya la encontró?
Me quedé helada.
Era Adrián.
Tomás me miró.
Mi corazón comenzó a golpear con fuerza.
Estaban a pocos metros.
—Entonces tendremos que encontrarla a ella.
Mi exsuegro respondió:
—No.
—¿Qué?
—Si Valeria tiene los documentos, ya no podemos tocarla.
—¿Por qué?
—Porque entonces todo saldrá a la luz.
Adrián preguntó:
—¿Y mi padre?
—Murió.
—¿Cómo?
—De la misma forma que todos los demás que intentaron enfrentarse a nosotros.
Silencio.
Adrián dijo:
—¿Fuiste tú?
Mi exsuegro respondió:
—No.
—Entonces ¿quién?
—Pregúntale a tu esposa.
Mi sangre se congeló.
Adrián guardó silencio.
—¿Qué quieres decir?
—Tu esposa no sabe quién era realmente su padre.
—¿Qué estás insinuando?
—Que él no era una víctima inocente.
Mi respiración se detuvo.
—¿Qué?
—Tu suegro trabajaba con nosotros.
—No.
—Durante años.
—Mientes.
—Pregúntale por qué tenía las claves de acceso.
Adrián no respondió.
Mi exsuegro continuó:
