Yo estaba en la oficina revisando las pruebas de un manuscrito cuando mi asistente entró con el rostro pálido.
—Valeria.
Levanté la vista.
—¿Qué pasó?
—Hay un hombre abajo preguntando por ti.
—¿Quién?
Dudó.
—Dice llamarse Tomás Vidal.
Sentí que el bolígrafo se detenía entre mis dedos.
Vidal.
El apellido de Adrián.
—¿Tomás?
—Sí.
—¿Qué quiere?
—No lo sé.
—¿Está solo?
—Hay otra persona con él.
