Chapter 2: LA VERDAD DETRÁS DEKA RAAQUEL FRASCO

seguía allí. Los cuadernos también. En el estante, la foto de las tres, de un verano en que mamá todavía contestaba el teléfono, estaba boca abajo. La puse boca arriba. No era el momento de resolver a mi madre. Era el momento de ver mi cara de antes, con el abrigo azul puesto y los ojos sin lluvia.

—Duermes en el hospital —recordó Rebecca, por si la casa me tentaba a quedarme.

—Duermo en el hospital —repetí.

Papá bajó con nosotros hasta la acera. No cerró la puerta con el cerrojo mientras yo estaba fuera. La dejó ajustada, y aun así el sonido de la madera me recorrió los brazos. Él lo notó.

—Mañana, si el bloqueo se convierte en anulación, quiero estar. No para que me des las gracias. Para oír que tu nombre ya no le pertenece a esa carpeta.

—Si me llaman, iré. Contigo en la misma

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