que necesitamos revisar.
El oficial Daniels regresó con una carpeta.
—Hemos recibido los registros de la farmacia y de la aseguradora.
Fruncí el ceño.
—¿Qué encontraron?
—Karen no actuó sola.
Sentí un escalofrío.
—¿Qué significa eso?
Daniels abrió el expediente.
—Alguien autorizó las solicitudes utilizando credenciales vinculadas a tu padre.
Lo miré desconcertada.
—¿Mi padre?
—Todavía estamos investigando quién utilizó esas credenciales.
Entonces Rebecca señaló otro documento.
—También encontramos una solicitud de cobertura médica presentada a tu nombre.
—¿Para qué?
Daniels respiró profundamente.
—Para un tratamiento que nunca recibiste.
Me quedé inmóvil.
—¿Cuánto dinero?
—Más de ochenta mil dólares en reclamaciones acumuladas.
Sentí que el corazón se aceleraba.
—Pero yo nunca estuve enferma.
El oficial asintió.
—Precisamente por eso estamos investigándolo.
Entonces abrió la última página.
Allí aparecía una autorización firmada digitalmente.
No pertenecía a Karen.
Tampoco parecía una simple receta falsificada.
Era un documento que declaraba que yo necesitaba
