que mirar hacia otro lado un segundo.
Luego me senté a su lado.
—Escúchame. Que otra persona tenga algo no significa que tú tengas que perder lo tuyo.
Ethan pensó en eso con la seriedad absoluta de los cuatro años.
—¿Y puedo caminar?
—Siempre.
Se bajó de la cama.
Dio tres pasos.
Después volvió corriendo y me abrazó.
A la mañana siguiente tenía mensajes de Richard.
Muchos.
Algunos enojados.
Otros conciliadores.
En uno decía que su madre había exagerado.
En otro decía que Brooke había provocado tensión porque estaba sensible.
En otro insistía en que él jamás había querido decir literalmente que Ethan no pertenecía a la familia.
No le respondí a ninguno de esos argumentos.
Le envié una sola frase.
—A partir de ahora, todo lo relacionado con Ethan se habla conmigo con calma y sin Vivian presente.
Richard contestó casi de inmediato.
—No puedes imponerme condiciones para ver
