Volví antes de tiempo de un viaje de negocios y encontré a mi exmujer dormida en mi cama, abrazando a una recién nacida con mis ojos. Ella había dado a luz sola mientras mi socia ocultaba sus mensajes; al enfrentarla, respondió: «Te protegí de una responsabilidad que no querías». Llamé a mi abogada y exigí una auditoría. Entonces descubrí mi firma en unas transferencias que jamás había autorizado.

Y había documentos aprobados mediante el certificado digital de Adrián durante fechas en las que él estaba fuera de España.

—He solicitado una auditoría independiente —explicó Martín—. Pero alguien ha presentado una denuncia por posibles irregularidades financieras.

Adrián abrió el último documento.

Era una notificación judicial relacionada con operaciones investigadas por la Audiencia Nacional.

En el expediente figuraba su nombre como responsable de autorizar transferencias sospechosas.

La firma electrónica era suya.

Pero la dirección desde la que se habían realizado aquellas operaciones correspondía al ordenador de Clara.

PARTE 3

Aquella noche, Adrián comprendió que su vida estaba a punto de derrumbarse por segunda vez. La diferencia era que ahora tenía algo mucho más importante que proteger.

Llamó inmediatamente a su abogada, Mercedes Rivas, y solicitó que un equipo externo examinara los accesos informáticos, las transferencias y los contratos investigados. También se comprometió a colaborar personalmente con las autoridades.

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