no era de la casa de Claire ni del departamento de Ben, solo había un lugar posible: el antiguo casillero de trabajo que Evelyn Hale conservaba en los laboratorios abandonados de Hale Medical.
Sin pensarlo dos veces y dejando a Rosie al cuidado de los doctores, Ben y yo nos arrancamos en la camioneta bajo un aguacero perro que no dejaba ver ni tres metros adelante.
Al llegar a las instalaciones abandonadas de la fábrica, el lugar daba un miedo tremendo. Las paredes repletas de grafiti, el olor a humedad y los cristales rotos hacían que cada pisada retumbara bien feo. Subimos hasta la oficina de administración en el segundo piso, donde los casilleros de metal estaban todos oxidados.
Buscamos el número 42. Metí la llave, le di la vuelta con fuerza hasta que tronó el cerrojo… y la puerta pasó.
Adentro no había dinero ni documentos de la empresa.
