Pensó Que Eran Ladrones… Al Ver Sus Rostros Rompió A Llorar Y Les Entregó Todo Lo Que Tenía

Marina sonrió.

—Yo tampoco.

Jacinto miró las luces de la plaza.

—A veces Dios no te devuelve lo mismo que perdiste. Te manda algo distinto para que aprendas a vivir otra vez.

Marina observó a los 2 ancianos y comprendió que el verdadero tesoro bajo Los Sauces no era el agua, ni la tierra, ni el dinero que Ezequiel había querido arrebatarle.

El verdadero tesoro era esa mesa llena, esas manos arrugadas sosteniendo las suyas, esa casa que ya no estaba vacía.

Y cuando las campanas sonaron sobre Pátzcuaro, Marina supo que el futuro, por primera vez en muchos años, no era una amenaza.

Era un camino.

Y ya no tenía que caminarlo sola.

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