Pensó Que Eran Ladrones… Al Ver Sus Rostros Rompió A Llorar Y Les Entregó Todo Lo Que Tenía

Marina mandó colocar una mesa grande bajo el árbol de capulín. Allí celebraron el aniversario de la llegada de Jacinto y Remedios. Fueron vecinos, clientes, algunos niños del pueblo y hasta Iván, que llevó cajas nuevas para los dulces.

Remedios miró la mesa llena y se limpió una lágrima.

—Llegamos aquí con una maleta vieja.

Jacinto tomó su mano.

—Y encontramos una casa.

Marina los escuchó desde la puerta. Pensó en aquella mañana de niebla, cuando casi los echó creyendo que eran ladrones. Si hubiera cerrado el granero, si hubiera mirado hacia otro lado, habría perdido algo más valioso que la finca.

Al caer la tarde, Jacinto se acercó con una carpeta.

—Marina, Remedios y yo hablamos con el abogado.

Ella se tensó.

—¿Pasó algo?

—Sí —dijo Remedios, sonriendo—. Queremos dejar por escrito que, si un día nos pasa algo, lo poco que tengamos será para ti.

Marina negó de inmediato.

—No. Yo no los ayudé por eso.

—Lo sabemos —respondió Jacinto—. Por eso queremos hacerlo.

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