PARTE”2

—Dios es capaz de todo.

 

Ella soltó una pequeña carcajada.

 

—Por supuesto, querida, pero estamos hablando de la realidad.

 

Aquellas palabras se quedaron resonando en mi cabeza durante mucho tiempo.

 

Tenía la sensación de que querían dejarme claro, desde el primer día, que nunca tendría hijos con mi esposo.

 

En cuanto al jeque Abdulrahman, era completamente diferente de la imagen que su familia me había hecho imaginar.

 

Era un hombre reservado, tranquilo y poco sociable. Pasaba la mayor parte del día en su despacho y, en ocasiones, viajaba durante varios días por motivos de trabajo.

 

Me trataba con respeto, pero mantenía una enorme distancia entre nosotros. Apenas compartíamos conversaciones y no existía ningún sentimiento verdadero entre los dos.

 

Una noche, mientras estaba sentada en el salón, entró y se sentó a cierta distancia de mí.

 

—¿Hay algo que te preocupe? —me preguntó.

 

Lo miré y respondí:

 

—Todavía no me he acostumbrado a este lugar.

 

Permaneció en silencio durante unos segundos. Después dijo:

 

—Tómate tu tiempo. Nadie te obligará a hacer nada que no quieras.

 

Sus palabras me sorprendieron. Era la primera vez que alguien en aquella casa parecía interesarse por mis sentimientos.

 

Pero antes de que pudiera responder, apareció su hermana Nawal y comenzó a preguntarle por unos documentos de la empresa. La conversación terminó allí.

 

Con el paso de los días, empecé a descubrir que aquella casa estaba llena de secretos.

 

Nawal y Sameh discutían constantemente. Cada uno quería imponer su voluntad sobre el otro. Sin embargo, había algo extraño:

PARTE3

siempre estaban de acuerdo cuando se trataba del dinero del jeque o de sus propiedades.

 

 

 

Notaba que ambos se ponían especialmente nerviosos cada vez que Abdulrahman mencionaba la venta de algún terreno o la posibilidad de modificar cualquier cláusula de los documentos de sus empresas.

 

 

 

Una tarde, mientras caminaba por el pasillo, escuché a Sameh hablando con Nawal.

 

 

 

—Tenemos que terminarlo todo antes de que se produzca algún cambio —dijo él en voz baja.

 

 

 

Nawal respondió con evidente nerviosismo:

 

 

 

—¡Baja la voz! No todo se puede decir aquí.

 

 

 

En cuanto me vieron, dejaron de hablar y se marcharon rápidamente.

 

 

 

En aquel momento no entendí a qué se referían.

 

 

 

No imaginaba que aquellas palabras escondían un secreto capaz de destruir a toda la familia.

 

 

 

## La noticia que cambió mi vida

 

 

 

 

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Cinco meses después de la boda…

Habían pasado aproximadamente cinco meses desde nuestra boda. Poco a poco había empezado a acostumbrarme a aquella casa, pero mi sensación de soledad aumentaba cada día.

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