tuviera miedo.
Harper sintió un escalofrío.
—¿Lo has abierto?
Ethan negó.
—Quería que tú estuvieras aquí.
Con manos temblorosas, Harper desplegó el papel.
Había una dirección.
Un número de teléfono.
Y una frase escrita con tinta azul.
«Si algo me ocurre, busca a Margaret Lane».
Harper dejó de respirar.
Margaret Lane.
Era el nombre de su madre.
—¿Dónde encontraste esto? —susurró.
Ethan la miró confundido.
—Mamá lo puso ahí antes de morir.
Harper sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
Su madre nunca había mencionado a Isabella Duca.
Nunca había hablado de la familia.
Y, sin embargo, aquella mujer muerta había dejado su nombre escondido en un colgante.
Harper llamó inmediatamente a su madre.
Margaret respondió con voz débil.
—¿Cariño?
—Mamá, necesito preguntarte algo.
—Dime.
Harper respiró profundamente.
—¿Conociste a Isabella Duca?
Al otro lado de la línea hubo un silencio absoluto.
Después escuchó un sollozo.
—Harper… ¿por qué
