PARTE 2 — LA ÚLTIMAKA RAPALABRA

—A casa… no —susurró Ethan.

Harper acercó el oído a sus labios.

—¿Qué quieres decir, cariño?

El muchacho intentó respirar profundamente, pero una mueca de dolor le cruzó el rostro.

—No… confíes…

Sus dedos apretaron débilmente la muñeca de Harper kara.

—¿En quién, Ethan?

Antes de que pudiera responder, sus ojos se cerraron.

—¡Ethan! ¡Mírame!

Harper sintió que el corazón se le detenía.

Entonces escuchó motores acercándose.

Tres vehículos negros frenaron frente al callejón.

Roman Duca bajó del primero antes de que terminara de detenerse.


Nunca había visto al hombre más temido de Boston con aquella expresión.

No parecía un jefe criminal.

Parecía un padre aterrorizado.

—¡Ethan!

Cayó de rodillas junto a su hijo.

Un médico que había llegado con él comenzó a examinar al muchacho.

—Necesitamos trasladarlo inmediatamente —ordenó—. Puede tener lesiones internas.

Roman levantó la mirada hacia Harper.

Vio su blusa empapada, sus manos temblorosas y el abrigo

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