que cubría a Ethan.
—¿Cuánto tiempo llevas aquí?
—Desde que lo encontré.
—¿Lo dejaste solo?
Harper negó.
—Ni un segundo.
Roman cerró los ojos.
—Gracias.
En el hospital, Ethan fue llevado directamente a urgencias.
Harper permaneció sentada en una silla de plástico, todavía temblando de frío.
Roman apareció una hora después.
Llevaba sangre seca en los puños de su camisa.
—Mi hijo está estable —dijo—. Los médicos siguen evaluándolo.
Harper sintió que las lágrimas le recorrían las mejillas.
—Gracias a Dios.
Roman se sentó frente a ella.
—Ahora necesito saber exactamente qué ocurrió.
Harper le contó todo.
El zapato negro detrás de la camioneta.
La chaqueta rota.
Las palabras que Ethan había pronunciado.
Cuando mencionó que el muchacho había dicho que no confiara en alguien, Roman se quedó completamente inmóvil.
—¿Dijo un nombre?
—No alcanzó a terminar.
Roman bajó lentamente la mirada.
Por primera vez, Harper vio miedo en sus
