Ethan nunca olvidaría.
«Si Roman descubre lo que has hecho, nunca volverá a confiar en ti».
Roman sintió un escalofrío.
—¿Reconociste la voz del hombre?
Ethan negó lentamente.
—No.
Después miró a Harper.
—Pero creo que él sabe que encontré la caja.
Aquella noche Roman regresó a su mansión.
Abrió el antiguo despacho de Isabella.
Durante tres años había mantenido aquella habitación exactamente como ella la dejó.
Revisó los estantes.
Detrás de una colección de novelas encontró una pequeña caja metálica.
Estaba vacía.
Solo había una nota.
«Llegaste demasiado tarde».
Roman llamó inmediatamente a Marco.
—Quiero saber quién entró en esta habitación durante los últimos siete días.
Marco revisó los registros.
Su expresión cambió.
—Señor, hay una entrada registrada ayer por la mañana.
—¿Quién?
Marco tragó saliva.
—Su hermano, Vincent.
Roman permaneció inmóvil.
Vincent Duca había sido su mano derecha durante veinte años.
Era el único hombre al que confiaba
