PARTE 2 / Después de cinco años de matrimonio, mi hija de cuatro años me susurró: “

respondí.

—Lo vi todo.

Su voz se quebró.

—Vi lo que Diego le hizo a Sofía. Lo que te hizo a ti. Revisé grabaciones viejas. Mariana… no sé cómo pude ser tan idiota.

Intentó acercarse.

Retrocedí.

—Yo quería compensar a Diego —continuó—. Me sentía culpable por haberme divorciado de su mamá. Pensaba que si era estricto con él sentiría que lo había abandonado.

 

—Así que abandonaste emocionalmente a Sofía.

Eduardo bajó la cabeza.

—Sí.

—Tenías miedo de que Diego sintiera que no tenía una familia completa, así que hiciste que tu hija creciera sintiendo que su propio padre no la quería.

—Lo sé.

—No. Ahora lo sabes.

Guardó silencio.

—Mariana, yo te amo.

 

Sentí una mezcla extraña de cansancio y rechazo.

—¿Qué amas de mí, Eduardo?

Parpadeó.

—¿Qué?

—Dímelo. ¿Amas que cocinaba? ¿Que cuidaba a tu hijo? ¿Que atendía a tus padres? ¿Que después de cada humillación terminaba pidiendo perdón

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