y fotografías.
—Cuando vi el video de la bicicleta —dijo—, revisé la cámara de nuestra cochera.
Rogelio cerró los ojos.
—Encontré grabaciones que él pensó que ya había borrado.
Sacó una memoria USB.
—Y ustedes necesitan verlas.
Rogelio intentó tomarla.
Laura retrocedió.
—Ni se te ocurra.
Ella me entregó la memoria.
—Aquí está la razón por la que Rogelio estaba tan desesperado por saber quién estaba presentando las quejas del fraccionamiento.
—¿Qué hay ahí?
Laura miró a su esposo.
Luego a Mateo.
Y finalmente a mí.
—La bicicleta de tu hijo no fue lo primero que dañó.
Sentí un escalofrío.
—¿Qué hizo?
Laura abrió la primera fotografía de la carpeta.
Reconocí nuestra calle.
Reconocí la camioneta.
Pero la fecha era de casi dos meses antes.
Y al fondo aparecía algo que hizo que Patricia, que acababa de llegar para hablar con nosotros, se quedara inmóvil en la banqueta.
—No puede
