De fondo, se escuchaban los gritos histéricos de Valeria exigiendo que colgara el teléfono.
Pero la verdadera explosión y el giro más oscuro de esta historia ocurrió 5 días más tarde. El licenciado Villarreal contrató a un investigador privado experto en fraudes. Lo que descubrió fue escalofriante. La famosa “boutique” donde Valeria supuestamente había invertido $6,000,000 pesos no existía. No había un local comercial, ni registro en Hacienda, ni empleados. Era una empresa fachada, una cuenta a nombre de su amiga para desviar fondos.
Y la investigación arrojó algo aún peor: Valeria llevaba 2 años de relación clandestina con Mauricio Elizondo, un poderoso empresario casado de la zona exclusiva del municipio. Gran parte de los $12,400,000 pesos se había esfumado en viajes de lujo, hoteles exclusivos y joyas para mantener un estilo de vida de millonaria junto a su amante.
Cuando Carmen citó a Mateo en el despacho del abogado y le mostraron las contundentes pruebas, el mundo del joven se derrumbó. Sobre la mesa de cristal había estados de cuenta, fotografías, registros de hoteles y recibos de transferencias.
—Me usó… —susurró Mateo, con las manos temblorosas—. Vendí mi casa y destruí mi vida por una mujer que ni siquiera me quería.
—Y no solo te usó a ti, hijo —dijo Carmen, sin suavizar el impacto emocional—. Usó mi dinero, mi paciencia y mi amor incondicional como madre.
Mateo rompió a llorar amargamente. Carmen no lo abrazó de inmediato. A veces, el dolor necesita venir acompañado de total responsabilidad antes de poder recibir consuelo.
—Voy a pedirle el divorcio hoy mismo. Y te juro que te voy a pagar cada peso, mamá.
Carmen pensó que, al verse acorralada, Valeria huiría derrotada. Pero subestimó la malicia de su nuera. Esa misma semana, Valeria se presentó en el pequeño despacho contable donde Carmen trabajaba por las mañanas. Llegó vestida impecablemente de azul marino, asumiendo nuevamente su rol de víctima inofensiva.
—Solo vengo a advertirle algo, suegrita —dijo Valeria, apoyándose en el escritorio—. Su hijo no es el santo que usted cree. Tengo documentos que prueban que Mateo falsificó ingresos para obtener líneas de crédito y que evadió impuestos a petición mía. Si usted me hunde con esa demanda, yo lo hundo a él en la cárcel.
Esa noche, un aterrorizado Mateo confesó la verdad. Valeria lo había convencido de inflar y alterar sus declaraciones fiscales. Ella, astutamente, guardó copias de todo como una póliza de chantaje.
—Si esto sale a la luz, pierdo mi carrera y mi libertad —dijo Mateo.
Carmen se levantó y lo miró fijamente.
—Entonces, nosotros vamos a ir primero a las autoridades. Vamos a decir la verdad y asumir las multas antes de que ella use tus errores como un arma.