Llamé inmediatamente al abogado.
Él no pareció sorprendido.
—La señora Teresa sospechaba que su hija estaba manipulando su medicación —me explicó—. Pero necesitábamos pruebas. Por eso preparó dos testamentos.
—¿Dos?
—El documento que leímos era provisional. Lea heredaría todos los bienes únicamente si la muerte de su madre se producía por causas naturales y no existían evidencias de abuso, fraude o intervención deliberada.
—¿Y si existían?
—Entonces entra en vigor el segundo testamento.
Antes de que pudiera preguntarle qué decía, alguien llamó a mi teléfono.
Era Lea.
La llamada que lo cambió todo
Respondí con el altavoz activado mientras el abogado permanecía en silencio.
Lea estaba llorando.
—¿Qué había dentro de la maceta?
No contesté.
—Mariana, por favor —insistió—. Dos detectives están en la casa de mamá. Dicen que tienen una orden para revisar los medicamentos y llevarse sus computadoras.
—Yo solo hice lo que Teresa me pidió.
Su llanto se detuvo.
—No sabes lo que estás haciendo. Mi madre estaba enferma. Confundía las cosas.
—Las grabaciones son bastante claras.
Hubo un largo silencio.
Entonces su voz cambió.
—Escúchame. Podemos llegar a un acuerdo. Te daré uno de los departamentos. Incluso puedo darte la mitad del dinero, pero tienes que decir que la memoria estaba vacía.
