Doné un riñón a mi esposo después de 22 años de matrimonio, pero tres días después de la operación lo escuché decirle a su amante: “Cuando salga de aquí, la casa será tuya”.
No lloré ni hice una escena; me quité el anillo y pedí el alta. Cuando por fin salió del hospital, lo que encontró en casa lo dejó sin palabras.
—Te juro que en cuanto salga de aquí, esa casa va a ser tuya. Ana no cuenta; después de veintidós años sigue siendo como un mueble: donde la dejas, ahí se queda.
Ana Morales escuchó la frase detrás del biombo verde de la habitación privada del hospital en la Ciudad de México.
