volvió y levantó dos dedos hacia sus propios ojos.
Después los apuntó hacia Vincent.
Era su manera infantil de prometer que seguiría vigilándolo.
Aquella mañana, el gesto hizo sonreír a todos.
Unas horas después, nadie encontraría nada divertido en él.
Rosa llevaba dos años trabajando en la mansión Moretti.
Era una mujer discreta, trabajadora y extremadamente cuidadosa con las reglas.
Criaba sola a Lily, y conservar su empleo significaba mucho más que recibir un salario.
Significaba poder darle estabilidad a su hija.
Por eso llegaba cada mañana con tiempo suficiente para organizar sus tareas y procuraba que Lily permaneciera en la cocina del personal sin molestar.
Allí, Mamá Gina solía encontrar una excusa para ofrecerle algo de comer.
A veces era un pequeño trozo de pan.
Otras veces, alguna comida que había sobrado del almuerzo.
Lily agradecía cada detalle con una sonrisa y después regresaba a sus dibujos.
Tenía una
