podía ser peligroso, Dominic había logrado algo excepcional.
Vincent confiaba en él.
—Ha desaparecido algo de mi escritorio —dijo.
Dominic observó su rostro.
—¿Qué cosa, jefe?
—El reloj de Isabella.
Aquella respuesta cambió de inmediato la expresión del jefe de seguridad.
Sabía perfectamente de qué reloj hablaba.
También sabía que no se trataba de un simple robo.
—Voy a encontrarlo —respondió.
Vincent no levantó la voz.
—Quiero saber qué pasó.
Dominic asintió y comenzó a organizar la búsqueda.
Se restringió el acceso al despacho.
Los guardias revisaron las habitaciones y empezaron a preguntar a los empleados quién había estado cerca del área.
Rosa fue una de las personas interrogadas.
Al principio no comprendió la gravedad de lo sucedido.
Había pasado gran parte del día realizando sus tareas habituales, y no había visto el reloj.
Cuando le explicaron que se trataba de un regalo de la esposa fallecida de Vincent, sintió
