latas.
—Me gustaría probar otro centro de fisioterapia.
—Cambiar de especialista podría hacerte retroceder.
—Una amiga me invitó a su cumpleaños.
—Su edificio no tiene una rampa adecuada. Pasarías un momento incómodo.
Octavio aceptó todos sus argumentos. Creía que Gonzalo, quien había perdido a su hermana, protegía a Valeria con el mismo dolor que él.
Teresa reconoció aquella forma de amar porque también la había cometido.
Su hijo Emiliano sufrió un accidente a los 16 años y se fracturó una pierna. Durante 2 años, Teresa eligió sus médicos, amigos y horarios. Solo se detuvo cuando el muchacho le preguntó:
—Mamá, ¿cuándo volverás a dejarme hacer algo solo?
Emiliano tenía ahora 27 años, vivía en León y trabajaba en un taller mecánico. La relación entre ambos se había reparado, pero Teresa todavía recordaba el daño causado por un miedo disfrazado de protección.
Una mañana llevó 2 tazas de café al dormitorio.
