La cámara mostró a mi suegra levantándose de la cama, haciendo sentadillas y riéndose por teléfono: “La nuera está agotada, pero es joven, aguantará”. Guardé cada video en la nube y no la enfrenté todavía. Quería saber quién más estaba detrás de aquella farsa, así que coloqué otra cámara frente a nuestra cama… y el jueves al mediodía apareció la persona que menos quería ver.

que eso pudiera convertirse en un problema.

Esa noche observó a su marido durante la cena.

—¿Cómo estuvo tu día? —preguntó él.

—Normal.

—Te ves cansada.

Mariana casi se rio.

—Un poco.

Rodrigo siguió comiendo como si nada.

Por primera vez Mariana se preguntó cuántas veces aquel hombre le había mentido mirándola directamente a los ojos.

Todavía le faltaba una pieza.

Rodrigo últimamente decía que algunos jueves tenía reuniones fuera de la oficina. Mariana recordó que un par de veces Teresa había olido un perfume femenino que no pertenecía a ninguna de las dos.

Al día siguiente instaló una cuarta cámara en su dormitorio.

La escondió detrás de un portarretratos con una fotografía de su boda.

Pasaron cuatro días sin nada extraño.

Hasta el jueves.

A las doce cuarenta y siete, Rodrigo entró al departamento.

No estaba solo.

Una mujer joven lo acompañaba.

Mariana la reconoció vagamente. Se llamaba Fernanda

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