la grabación que cambió todo ocurrió el viernes.
Teresa estaba hablando por teléfono en la cocina.
—Sí, aquí sigo —decía riéndose—. Mariana hace absolutamente todo. Hasta me baña.
La persona al otro lado respondió algo.
Teresa soltó una carcajada.
—Pobrecita, ya parece fantasma. Pero Rodrigo dice que aguante un poco más. Según él, necesitamos cansarla hasta que ella misma quiera irse.
Mariana detuvo el video.
Rodrigo.
Volvió a escucharlo.
Quizá Teresa hablaba de otra cosa.
Quizá había entendido mal.
Entonces continuó.
—Mi hijo dice que cuando ella ya no soporte, será más fácil convencerla de vender el departamento. Después él arreglará lo demás.
Mariana sintió que le faltaba aire.
Ese departamento lo había comprado principalmente con sus ahorros antes de casarse. Meses después, enamorada y convencida de que formarían una familia para siempre, había permitido que Rodrigo apareciera también como copropietario.
Él prácticamente no había aportado dinero.
Ella nunca pensó
