y despertándose cada noche para atender sus falsos gemidos, acababa de descubrir que su suegra podía caminar perfectamente.
Pero todavía no sabía lo peor.
Porque aquella mentira no había empezado con Teresa.
Y el verdadero motivo por el que estaba fingiendo era mucho más cruel de lo que Mariana habría podido imaginar.
PARTE 2
Durante los siguientes tres días, Mariana no dijo una palabra.
Sonreía.
Preparaba el desayuno.
Cambiaba a Teresa.
Le daba sus medicamentos.
Y después se iba a trabajar como si nada hubiera ocurrido.
Mientras tanto, las cámaras seguían grabando.
Apenas la puerta del departamento se cerraba, ocurría el milagro.
Teresa se levantaba.
Caminaba hasta la cocina.
Preparaba huevos con chile y tortillas, servía café, encendía la televisión y se sentaba cómodamente en el sofá.
Una mañana Mariana la vio hacer ejercicios frente al espejo.
Otra tarde encontró un video donde su suegra bailaba mientras escuchaba música.
Pero
