deseado durante años.
Lloró porque el futuro que había imaginado para ese hijo ya no existía.
Al día siguiente llamó a Lucía.
—Estoy embarazada.
Hubo un silencio breve.
—Entonces tenemos que modificar algunas cosas.
—¿Tengo que decírselo?
—El bebé también tiene derechos, Mariana. Lo vamos a hacer correctamente.
Eso fue exactamente lo que hicieron.
La noticia llegó a Rodrigo por medio de los abogados.
Su primera reacción fue pedir hablar con Mariana.
Ella aceptó únicamente en presencia de Lucía.
Rodrigo llegó pálido.
—¿Es mío?
Mariana lo miró durante varios segundos.
Aquella pregunta terminó de destruir cualquier resto de afecto que pudiera quedar.
—Sí.
—Perdón. No debí preguntar eso.
—Pero lo preguntaste.
Rodrigo respiró profundamente.
—Quiero participar.
—Participar significa responsabilidades, no aparecer cuando te convenga.
Él asintió.
Meses después dejaron establecido legalmente lo necesario respecto a reconocimiento, manutención y futuras responsabilidades parentales.
Mariana no necesitaba inventar que Rodrigo había desaparecido.
Tampoco
