Fui a visitar a mi esposa al hospital y entonces oí lo que le contó a su mejor amiga sobre mí.

Cuando Julián terminó, el abogado apoyó el bolígrafo sobre la mesa.

—Esto no fue un impulso, Julián. Esto es un plan.

—Lo sé.

—¿La línea de crédito ya se firmó?

—Aprobada, pero no dispuesta.

—Entonces retírala hoy mismo.

Julián asintió.

—¿Y la casa?

Mauricio revisó unos documentos.

—La heredaste antes del matrimonio. Nunca pusiste a Renata en la escritura, ¿verdad?

—No.

—Entonces es propiedad separada. No puede tocarla.

Por primera vez desde el hospital, Julián sintió que podía respirar.

Pero Mauricio no sonrió.

—Necesito estados de cuenta, transferencias, gastos del negocio, comprobantes, calendarios, todo. Si ella estuvo desviando dinero o construyendo una historia contra ti, tenemos que documentarlo.

Julián volvió a casa y empezó a revisar.

Lo hizo en silencio, durante noches enteras, mientras Renata dormía.

Encontró transferencias pequeñas de la cuenta común hacia una cuenta personal de Renata. Al principio 3,000 pesos, luego 5,000, después 12,000. En 30 meses sumaban casi 410,000 pesos.

Encontró retiros en efectivo los fines de semana en que él trabajaba turnos extra.

Encontró gastos de hoteles en San Miguel de Allende marcados como “reunión con proveedores”.

Y luego encontró el nombre.

Tomás Requena.

Consultor de marketing. Antiguo compañero universitario de Renata. Un hombre que dependía de contratos por recomendación y de una reputación limpia para conseguir clientes.

Mauricio consiguió confirmar una reservación de hotel a nombre de Renata Ortega y Tomás Requena.

2 huéspedes.

1 habitación.

Julián imprimió todo.

No gritó.

No rompió nada.

Solo armó una carpeta.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *