En nuestra noche de bodas mi esposo me rechazó porque estaba cansado, pero en la madrugada oí gemidos que venían de la habitación de mi suegra, y lo que vi cuando abrí la puerta me heló la sangre…

Mi vida ha sido un desastre desde que te fuiste. Me he dado cuenta de que he perdido al gran amor de mi vida. Por favor, dame una oportunidad.

Valeria colocó el catálogo sobre la mesa. Lo examinó de arriba abajo. Ya no había resentimiento en sus ojos, ni tristeza, ni siquiera lástima. Solo la absoluta indiferencia que se siente hacia un desconocido en la calle. Trastornos del sueño

—Te equivocas, Sebastián —respondió Valeria con gélida calma—. No has perdido al amor de tu vida. Has perdido a la única mujer que tuvo el valor de hacerlo.

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